




Sonia Roberts de Talamás dejó La Paz por amor. Se casó con un cruceño y se vino hace casi 40 años, cuando las losetas sólo cubrían unas pocas calles alrededor de la plaza y había que hacer cola en el grifo de la esquina para tener agua potable. Ana María Lederman se vino por la salud, porque a su esposo le caía mal la altura y, desde hace 22 años, siente que esta ciudad va con su forma de ser: alegre y bailadora. Fausto Conde llegó a Santa Cruz por trabajo y ahora es un hombre al que siguen 35.000 paceños. Es el que se encarga de organizar la gran entrada de los paceños y asegura que su corso' es el segundo más importante del departamento, después del de Carnaval, y que está tan agradecido con esta tierra que se siente un cruceño más, autonomista y orgulloso del Bicentenario.
Fausto asegura que en Santa Cruz hay más de 200.000 chukutas, pese a que el Censo de 2001 dijo que eran sólo' 78.000. Exige recuento en medio de una reunión que convoca a los 46 representantes de igual número de fraternidades que coparán el 31 de julio la doble vía La Guardia. "Somos 36.000 los que bailamos. Nuestra entrada es tan grande como la del Gran Poder, Ch'utillos, la de la Virgen de Guadalupe o la de Urkupiña. Ésta es una fiesta de integración nacional que ha sido bien recibida por los cruceños", dice, orgulloso, delante de un enorme cartel en el que se lee "200 años siempre libres". "Somos parte del Bicentenario de Santa Cruz", añade.
Miryam López es paceña, pero de madre camireña, así que cuando destinaron a su esposo policía a Santa Cruz no le costó demasiado dar el salto. Cuando se le pregunta si encontró racismo en Santa Cruz contesta que sí, pero que ha disminuido con los años y que los peores son los camba collas', hijos de collas que tratan de borrar sus raíces ahondando las diferencias.
Algo parecido dice Ramón Landaveri, un yungueño parte de las 3.000 familias de afrobolivianos que moran en Santa Cruz. Cree que aquí encontró menos racismo porque los cruceños están más acostumbrados a ver afrodescendientes brasileños o peruanos. Miryam Peñaranda, también yungueña, ve otras formas de racismo: no hay muchos afrobolivianos en las reparticiones públicas ni en las empresas privadas. Ellos tienen que dedicarse a ser taxistas, agricultores o comerciantes.
Virginia de Von Borries, Ana María Lederman y Sonia de Talamás no hablan de racismo sino de regionalismo. Son parte del Centro Cultural de Damas Paceñas y aseguran que el regionalismo es culpa de la política, porque a ellas siempre las trataron muy bien. Sonia Roberts ha sido presidenta de varias instituciones e incluso llegó a organizar las serenatas a Santa Cruz. Aún recuerda con nostalgia los días de calor en los que caminaba por los corredores del centro. "Si hubiera regionalismo, usted cree que la gente nos abriría sus casas cuando nos agarraba la lluvia. La gente de Santa Cruz siempre fue muy hospitalaria", cuenta.
No se extraña ni la ropa ni la comida. Por ejemplo, una buena pollera se puede encontrar en la tienda de Senobia Huiza, que domina una de las esquinas de la Cruz Verde y no sólo le da para surtir el mercado local, sino que también comenzará a exportar a San Pablo (Brasil), para la gran colectividad de paceños que trabaja en la urbe más grande del hemisferio sur. Incluso en la calle Isabel la Católica se pueden encontrar buenos bordadores para encargarle trajes de morenos o caporales.
Y si de comida se trata, Miryam López asegura que hay muy buenas fricaserías, pero ninguna como la de doña Hilda, una paceña que tiene una pensión, en el tercer anillo externo y radial 13, con la fama de cocinar el fricasé más rico que se puede comer en Santa Cruz.
Hilda Pinto aprendió a hacer fricasé a los ocho años, porque era una tradición familiar. Sus hermanos son dueños de los restaurantes Los Rieles en Cochabamba y La Paz, pero asegura que en Santa Cruz se vende más, tanto como para pagar la cuota de los Fanáticos, una de las más grandes fraternidades de morenada.
Y es que, en julio, los paceños tiran la casa por la ventana. Sólo pertenecer a una fraternidad y bailar para la entrada les significa una inversión de entre $us 200 y $us 7.000.
Las mujeres son las más gastadoras. Una pollera, prendedores, sombreros y joyas pueden costar una pequeña fortuna, y si encima de eso les toca ser el preste' de la fraternidad, la fiesta puede costar lo mismo que una casa. Don Fausto lo explica. Uno es preste' (el padrino de la fiesta) una vez en la vida y tiene que lucirse, no por su fraternidad, sino por la Virgen del Carmen, a quien está dedicada la fiesta de La Paz.
Ramiro Bernal, que bailará diablada, explica que se traen bandas desde La Paz o desde Oruro para el desfile (más de 70 músicos) y que luego de la agotadora jornada se van a su fiesta. Como la suya es una fraternidad chica (alrededor de 100 personas), han alquilado el local Mi Cabaña y contratado al conjunto A Banda Sombra.
Explica que quieren variar un poco', ya que lo tradicional es contratar a un conjunto del interior (Llajtaimanta, Jacha Mallku, Jiru Ichu) o incluso traerse uno de Perú.
Toda fiesta tiene su repaso y puede durar hasta tres días, en los que se consumen unas 15.000 botellas de cerveza, si la fraternidad es grande. Don Fausto explica que eso también es parte de sus costumbres y que no todo lo paga el dueño de la fiesta. "Si tú me invitas a tu fiesta y eres cercano a mí, yo nunca puedo llegar con las manos vacías. Así, cuando yo te invite al bautizo de mi hijo o a un matrimonio, tú me lo devuelves", concluye Fausto.
Sus números
En duda. Según el Censo de Población y Vivienda de 2001, en Santa Cruz habitan 78.000 personas nacidas en La Paz; sin embargo, los residentes paceños cuentan como tales a sus hijos que nacieron en Santa Cruz. Con ellos creen que son más de 200.000.
Acelerado. Entre 1996 y 2001 llegaron más de 30.000 paceños a Santa Cruz. No son la comunidad más grande, porque son superados por los cochabambinos, que, en el mismo periodo, más de 50.000 dejaron su departamento para afincarse en tierras grigotanas.
Hay varias comunidades
José Mirtenbaum | Sociólogo
Además de los grandes empresarios, banqueros y otros profesionales que han llegado de Santa Cruz, desde La Paz se han venido muchos comerciantes con bastante capital para invertir. De un tiempo a esta parte ha cambiado su modus vivendi' y habitan en barrios de clase media, como Urbarí.
La ola migratoria más grande está conformada por los comerciantes e informales paceños que no sólo han contribuido a la economía, sino que también han traído diversidad cultural a la región. Fruto de ello es la muestra de folclore occidental durante el Carnaval o su entrada en julio.
Con ellos podemos decir que hay varias comunidades paceñas en Santa Cruz que la hacen lo que debería ser: el lugar donde desemboca toda Bolivia. En el último tiempo, se ha dado otro tipo de migración, con gente más pudiente que ha creado especies de ghettos' en condominios y urbanizaciones cerradas, como el Urubó; sin embargo, la migración interna es poco estudiada y necesitamos el censo de 2011 para tener más datos.
Tienen por lo menos cuatro organizaciones
La comunidad de residentes paceños debe ser una de las más organizada y la que más contacto mantiene entre sus miembros. En Santa Cruz se conoce el Centro de Residentes Paceños (Cerepa), la Asociación de Conjuntos Folclóricos Virgen del Carmen (Ascofovic), la Comunidad Afroboliviana y el Centro Cultural de Damas Paceñas.
La primera es la más antigua de las organizaciones y la que comenzó a organizar las entradas folclóricas. Cuando este evento creció demasiado, la Ascofovic nació, convirtiéndose en la más numerosa, ya que nuclea a 46 fraternidades, que a su vez tienen más de 36.000 bailarines. A través de estos grupos, los paceños se mantienen en contacto entre sí, ya que sus ensayos los ocupan seis meses al año.
El Centro Cultural de Damas Paceñas tiene más de 200 integrantes, que se reúnen en pequeños encuentros mensuales y un gran junte anual en el que planifican sus actividades.
La Comunidad Afroboliviana se reúne semanalmente y, a través de los grupos de danza y teatro, están revalorizando su cultura.
Enamoran por el estómago
Pescado. Las truchas y el pejerrey de criadero se han vuelto tradicionales en el lago Titicaca y han llegado a los restaurantes cruceños como una fusión con la cocina internacional.
Fricasé. Es uno de los platos de La Paz más disfrutado por los cruceños, sobre todo para curar la resaca. El guiso de chancho y ají se disfruta en múltiples pensiones y restaurantes, que por lo general atienden al público entre las 6:00 y 14:00.
Chairo. Sopa a base de chuño y mote que es infaltable en los mercados de toda la ciudad.
Timpu de cordero. Cordero sancochado con verduras, en el que la clave está en la calidad del ahogado de ají amarillo y cebolla que lo baña. Se sirve con arroz blanco, papa y chuño.
Picana navideña. Sopa de sabor dulzón que lleva cerdo, res y pollo, muy tradicional en las celebraciones de fin de año.