Una adquisición financiada con el dinero de la gente El avión de lujo del Presidente, en plena época de desastres
Es paradójico que en un país en el que se habla tanto de pobreza, el Presidente del Estado adquiera un jet con características propias del avión presidencial de un mandatario de la primera potencia del mundo. Sólo falta que, como sucedió en India y Paquistán, pronto obtengamos nuestra primera cabeza nuclear, mientas miles de ciudadanos sufren por la falta de oportunidades.
Bolivia se encuentra en la época en que suele ser azotada por la escasez de agua. Tan sólo en esta semana, varios medios de comunicación han hecho notas especiales sobre las sequías que aquejan a decenas de municipios en nuestro país. Este, y muchos otros problemas, en las mentes de quienes aún abrigan un mínimo de sentido común, debería ser en los que cualquier gobierno preocupado por el bienestar de sus ciudadanos tendría que invertir los millones de dólares que se pretende despilfarrar en este avión, y en otros gastos insulsos como el que se quiere realizar en la construcción y puesta en órbita del satélite Tupac Katari.
Es irónico que un gobierno que dice ser de y para los pobres, representante de las mayorías olvidadas y portaestandarte de la "Bolivia profunda", decida ignorar en sus penurias a ciudadanos de los barrios de la ciudad de El Alto, que tienen que utilizar agua contaminada para la fabricación de adobes o para el lavado de su ropa.
Pero mucho peor, ya deja de ser irónico para convertirse en insultante, que esos mismos ciudadanos alteños tengan que acostumbrarse a que los niños sufran de diarreas crónicas, y los adultos de manchas rojas en sus rostros, a causa del consumo de aguas tan sucias, que hasta deben ser coladas para retirar, entre otras cosas, gusanos blancos, mientras su gobierno, el que dice defenderlos, estrena con pompa y sonaja un avión que estaba destinado al club de fútbol Manchester United.
Todo este lujo no sirve más que para alimentar el ego de un caudillo, y para que el oficialismo haga inútiles demostraciones de poder, para sí mismo y para los adversarios.
¿De qué sirven los demagógicos discursos sobre supuestas austeridades, si tenemos un Presidente que quiere viajar en un avión que es prácticamente un penthouse volante? ¿Realmente es necesario tanto despliegue de ostentación, en un país en el que los servicios básicos son un privilegio de pocos? El gobierno de Morales tendría que haber sido diferente al menos en el pequeño detalle de no gastar el dinero de la gente en mayores comodidades y privilegios para los burócratas, pero lo que está haciendo es mucho peor que cualquier otra actitud despilfarradora que hayamos visto antes.
Sino, baste con recordar que el último avión presidencial comprado por Bolivia fue un pequeño jet a medio uso, que costó apenas 2.925.000 dólares, pero con un sobreprecio de 1.737.000. Por lo que ese pequeño avión habría costado apenas 1.188.000 dólares. Vistas las cosas así, definitivamente lo que hoy se hace es peor que lo de entonces.
Esto nos muestra que toda la fanfarria de rebajarse los sueldos y las dietas, no era más que un show político para impresionar a los electores incautos, y que ahora que se goza del poder absoluto, pueden quitarse la máscara y disfrutar a pierna suelta de las mieles del poder.